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DUDAS CARNAVALESCAS

¿Mojar o no mojar? Ésa es la pregunta.

¿Mojar o no mojar? Ésa es la pregunta.

Provengo de un ancestral linaje carnavalístico.  De una tradición en la que jugar carnavales es casi un deber, una tradición, una cuestión de regionalismo que no debe perderse. Mi papá proviene de las nobles campiñas cajamarquinas, así que para él jugar carnavales es un rito que lo acerca a su tierra, a sus paisanos, en fin. ¿Y yo? ¿Yo qué he hecho con ese pasado heredado?  Pues nada. Soy una vergüenza. Si hay alguien que no sirve para jugar carnavales, ésa soy yo.

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SIEMPRE EN DOMINGO

Ciertos recuerdos duelen como globazo en la cara.

A Malita ciertos recuerdos le duelen como globazo en la cara.

¿Sales? Ruda y directa era la palabrita con que nos saludábamos entre amigos cuando se abría la puerta para jugar. ¿Sales? Y claro, yo salía corriendo (y sonriendo) a rasparme las rodillas, a gritar y a estirar el tiempo hasta la hora de comer. ¿Sales? Llevar patines o bicicletas dependía del regalo recibido en Navidad. Muchas veces una pelota, una soga o chapitas gastadas eran suficientes. En febrero, los domingos sólo se diferenciaban del resto de días por el agua, por los combates organizados entre hombres y mujeres, por la feliz violencia con que nos correteábamos por pasajes sin pistas y llenas de gradas, de arriba hacia abajo y viceversa. ¿Sales? Sí claro, salí del barrio hace 5 años y en el edificio donde vivo ahora casi no hay niños, no hay patios, ni risas ni gritos… menos aún carnavales. Así que este domingo a las 12 se presta para el deja vu: hace mucho calor, dan ganas de mojarse y yo le echo agua a mis recuerdos, que andan muy polvorientos…

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Melena descubre un carnaval diferente

Melena descubre un carnaval diferente

Nunca he sido fan de los carnavales y por añadidura odio al pobre mes de febrero, que tuvo la mala pata de ser escogido para celebrar una cosa tan tonta como la mojadera indiscriminada de quién se te ponga en frente. Así, pura y simple como suele ser mi ignorancia, era mi desconocimiento en temas carnavalísticos. Hasta que un buen día, “descubrí” que los carnavales nada tienen que ver con empapar a quien se te ponga enfrente y que lo que he vivido en nuestra Lima, aterrada cada febrero de recibir un baldazo con sabe Dios qué liquido desde una combi, es solo un travestismo de lo que se supone son estas fiestas. Pasemos a detallar.

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He aquí un Bonus Track para el fin de semana. Esta vez en lugar de contarles lo que pienso sobre el Dia de San Valentín, me enrumbé a hacer una investigación de campo que mostrase por qué a las Amigas de M nos desespera ese día.

¡Ah! me olvidaba. Malita me hizo prometer que haría clara nuestra falta total de apoyo hacia la sobreexposición de rojo y rosado que en unos segundos inundará sus retinas. Con ustedes, nuestro primer video post.

 

¡POR LOS 30!

Morocha sí cumple

Morocha sí cumple

Señores y señoras amigos de las Amigas de M (y sobre todo de este pechito cadavérico). Resulta que les debo mil y una disculpas por no postear cuando debía y no contar con pelos y señales por qué considero que hacer spinning es una nueva tortura que debe ser penada y prohibida internacionalmente. Malita y Melena han sabido entender mi retraso, pero no sé si comprenderán por qué en vez de escribir sobre los gimnasios, postearé sobre otra cosa. Y es que ¿cómo voy a escribir sobre sudores corporales y clases de danza árabe, cuando acabo de cumplir 30 años?!!!! Seguir leyendo »

UNA AMISTAD DIFÍCIL

Melena tratando de hacer amigos en el gimnasio

Melena tratando de hacer amigos en el gimnasio

He sido una mala amiga. Cuando me acuerdo de él, lo frecuento solo un par de meses. Lo disfruto, lo uso y luego…me olvido de él. No lo visito, ni pregunto por él, ni me da cargo de conciencia no saber de él en años. ¿No me da vergüenza? ¿No me da? No, ni un poquito. Porque si yo soy una pésima amiga, el gimnasio es uno aún peor. Yo lo busco con un objetivo claro: adelgazar, pero él me devuelve una cachetada.

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Malita, deseando haber sido modelo del Renacimiento

Malita, deseando haber sido modelo del Renacimiento

Confieso que he caído. En las garras metálicas del gimnasio, de la sudoración pública, de la botellita de agua y de la flojera de levantarse temprano. Sí, admito que he tratado de reducir las tallas de mi pantalón y solo he conseguido engordar mi vergüenza, esa que me dice: “¡¡¡Cada vez que te inscribes 6 meses, solo vas 3!!!”. No vayas, me repito (mismo Melcochita). Pero una frase de Beto Ortiz -un periodista gordo que alguna vez se hizo la lipo- me tortura desde hace años: “Todos merecemos ser, al menos un verano, los regios de la playa”. Caí redondita (como mi cintura) y me la creí. Lamento decepcionarlos, pero este 2009 tampoco saldré del mar como una visión de comercial de chela. He aquí porqué: Seguir leyendo »