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Archive for 28 enero 2009

KILL GIL

La espada de Malita ya es una leyenda

La espada de Malita ya es una leyenda

Escribiré de rupturas amorosas y no sé cuántas he pasado. Ni la cuenta de las veces en que dije Chau ni la cantidad de Fin que me plantaron en plena película. Pero si los números te fallan, quedan otras certezas. La mía es simple: romper ciertas relaciones se parece mucho a lo que hacen los niños con sus juguetes. Si no los rompes, jamás sabrás de qué están hechos (ni cuánto duran). No se ofendan, que aquí no hay buenos ni malos (aunque me llamen Malita, claro). Ellos no fueron carritos de metal ni yo una muñeca de trapo. Pensando en mis ex (protagonistas de mis rompimientos), descubro que son las personas a las que mejor conozco… lástima que ese bagaje haya llegado después de romper.

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Y Melena vio la luz.

Y Melena vio la luz.

“No no no, a mí me gusta el pleito”, me dijo Morocha. “Definitivamente, tú y yo somos como el agua y el aceite”. Así respondió mi amiga de M a la decisión de enviar un e-mail educado, seco y determinante al que ahora es mi ex, diciendo algo como: “Ya no expliques nada, no es necesario. Ya fue”. Y es que, aunque duela, a veces necesitamos reconocer que, como dice el libro aquel: “He is just not that into you” (*) y el por qué no cambia nada.
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Morocha Mercedes. (He perdido todo pudor)

Morocha Mercedes. (He perdido todo pudor)

 Malita nos hizo jurar que este blog jamás sería un diario de “chicas”. Nada de cosas romanticonas ni melosas sobre rupturas y enamoramientos. Ninguna imitación barata que pudiera ser una mala copia de “Sex in the City”. Pero, siempre hay un pero,  después de tres meses, no podemos más. Tampoco somos máquinas; también tenemos nuestro corazoncito. Para ponerlos en contexto: debido a un incidente que Melena revelerá con detalles mañana; nos dimos cuenta de lo distinto que reaccionamos cuando tenemos que terminar con alguien. Melena es racional. Malita es malita. ¿Y yo? Me he dado cuenta que yo soy Morocha Mercedes, una protagonista de telenovela mexicano-venezolana-brasileña.

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Morocha minutos antes del "incidente"

Morocha minutos antes del "incidente"

Estaba lista. Mis Amigas de M me llevaron a comprarme un polo escotadito de color amarillo. Me alisé los rulos rebeldes que en las alturas del Cusco además se vuelven eléctricos y forman en mi cabeza una especie de gorro rasta. Lleve mis botas toneras bien lustraditas. Después de un año complicado, ésta tenía que ser LA fiesta perfecta. El faenón  de los festejos. Iba a dejar el alma, y los pesos pesados del 2008, en la pista de baile. Era la primera resolución de fin de Año… hasta que sucedió “el incidente”.

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Buscando a los cusqueños en Cusco

Buscando a los cusqueños en Cusco

 Cusco es la ciudad de mis primeras veces. Allí viví sin padres por más de 5 días. Allí llegué en mi primer viaje por avión. Allí pasé las primeras vacaciones que pude pagarme sola. Allí tuve sexo sin amor y bailé sola, sin vergüenza. Allí conocí a una de mis mejores amigas (Gl.) porque, básicamente, me dio la gana. Allí entré a un sitio arqueológico sin pagar y no me atraparon los funcionarios del INC. Allí conocí el granizo y festejé un lunes santo con flores rojas, de pura casualidad. Allí dejé de amar al primero, aquel infame. Allí me rompieron el corazón más rápido de lo que tardó en llegar el pisco a mi sangre (sí pues, la altura). Allí pasé este primer Año Nuevo con mis Amigas de M y pasará mucho tiempo hasta que lo logremos en otro punto del mundo. Allí, esta (primera) vez, suscribí el paso del tiempo.  

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Melena y sus estudiantes de Gringolandia

Melena y sus estudiantes de Gringolandia

La primera vez que fui al Cusco, para mi viaje de promoción, era alumna y parte de un grupo de 90 personas, compatriotas todas. Tenía 16 años y fuerzas para salir a bailar todas las noches. Esta vez, mi segunda vez en el Cusco, yo fui la profesora que dirigía a un grupo de 7 gringos (ya sabemos la edad que tengo) y que tras los interminables días que empezaban a las 6 a.m. y acababan a las 9 p.m. como mínimo no tenía ni una gana (¡ni una!) de salir a ningún lado. Como decían Los Compadres… cómo cambian los tiempos, Benancio… 

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