
Sería un reality de M, ¿no?
Tenía una lista enorme. Empecé escribiendo sobre el placer desmedido que siento por comer chocolate y la culpa enorme que siento cuando tres minutos después me sale un grano en medio de la frente. Descarté escribir sobre la satisfacción que me da cantar todo lo que escuche aunque termine convirtiendo las letras del “Break on through” de los Doors en “Welcome to, to the other side”. Decidí no reincidir en esa rubia debilidad ya antes descrita, ni en otras que me acercan al mundo farandulero limeño. Decidí contarles sobre uno de mis más recientes pasatiempos, culposísimo él, y que ahora confieso avergonzada. Soy fan de los “realities”.
Déjenme aclarar primero que llegué tarde a la fiebre del reality show. Recuerdo que hace varios años escuché que había un programa llamado “Big Brother” que rompía records de audiencia y que grababa las 24 horas del día las locuras de un grupo de jóvenes encerrados en una casa. Recuerdo también que llegó una imitación terrible -Gise, por qué lo hiciste- llamada “La casa de Gisella”, una cosa espantosa que nunca pude ver por más de 10 minutos seguidos.
Pero cuando el cable se volvió algo más cotidiano y el insomnio comenzó a convertirse en una rutina, empecé a ver las repeticiones de un programa que me parecía divertidísimo. Se llamaba “American Idol”. Imagino que a estas alturas todos saben de qué se trata. Si no, la historia es sencilla. Se hace un concurso en Estados Unidos en el que se escogen a los mejores cantantes. Hay tres jueces: Paula Abdul, que está loca; Simon Cowell, el inglés pesadísimo y Randy Jackson, el cool del grupo.
Me quedaba pegada frente al televisor esperando ver cómo Simon Cowell le decía a un pobre chico de 16 años, por qué era la peor actuación que había visto en su vida. Sufría esperando que “mi candidato” no fuera eliminado. En fin. Pero Idol fue sólo el inicio. En esa misma época, empezaron a dar otro show, sobre cocineros que querían ser superchefs. Se llamaba Top Chef. Me encantaba. Después vino “Project Runway” con Heidi Klum, “Dancing with the Stars” (una versión más divertida que Bailando por un sueño), después hasta zapeaba “America´s Next Top Model” para ver cómo se sacaban los ojos un grupo de flacuchas que querían ser modelos de pasarela.
La fiebre había empezado. Cada vez que cambiaba de canal, encontraba realitys nuevos. Parecía una competencia para tener el programa más extraño. “The Bachelor”, “Survivor” “Survivor South America”. Era divertidísimo ver a un grupo de gringos corriendo por la plaza de Armas buscando una pista que les permitiera viajar a Machu Pichu, para al final del viaje ganar 100 mil dólares.
También estaban los programas más bravos: “Intervention”, “Cheaters”, uno en el que cambias esposas, otro en el que llega una niñera profesional a poner en orden a los rebeldes de tu familia que se llama “La Domadora”. Pero después vino lo peor, la decadencia: VH1 Realitys sobre un tío horrible que tiene un reloj en el pecho, “Flavor of love”, y que debe escoger una novia. También había uno que era algo así como “internado para señoritas”, donde un grupo de señoritas del Bronx y otras zonas duras de Gringolandia luchan por tratar de decir una oración sin mencionar la palabra fuck. Además de los reality de MTV, los cambios de look, el show en el que debes ser decorador, en la que organizas fiestas para estrellas de Hollywood, el Aprendiz con Donald Trump, Martha Stewart, los roqueros, Pamela Anderson, Ana Nicole Smith, en fin.. Hasta el octogenario Hugh Hefner tiene un reality con tres chicas que son ¿sus novias?.
Lo peor de todo, es que casi todos los he visto por lo menos una vez. Y algunos los he seguido de verdad, luchando por primera vez con la guía televisiva del cable para no perderme por lo menos la repetición. Sólo este sábado en la tarde, mientras terminaba de escribir un texto, vi American Inventor, un programa rarísimo japonés de cocina y, por supuesto, American Idol.
Bueno, ahí está. Llámenme consumista, que he sido atraída por el sistema, que he perdido la batalla ante la caja boba, en fin. Lo sé, lo sé. Pero qué voy a hacer. Ahora, si me disculpan, ¿sabían que hay una serie sobre peluqueros? Ya les cuento.
Sip, es cierto, debo confesar que yo también he seguido a varios de los realities enumerados… Pero son divertidos!!! Sobretodo esos en los que escogen pareja y los concursantes se meten serrucho para eliminarse entre sí!! jajaja! Y en American Idol siempre eliminan a mis favoritos, así que dejé de verlo hace muchas temporadas… Pero eso sí, jamás llegué al extremo de Morocha de posponer una salida o llegar tarde a una reu por ver “Bailando por un sueño” ESO JAMÁS!!!
Morocha Idol: el reality de peluqueros se llama “Descabellados” y la verdad, luego de ver tanta cosa, terminas buscando los micros y los monitores en tu propia casa…. cuidado con el chuponeo… o el olvido de la realidad…. suele pasar.
¿y el reality de las ruflitas que peleaban por ser la novia del líder de Poison? “Rock of Love” en VH1… ese si es un GOLAAAAZO.
Jajajajaja, es bueno saber que no soy la única. “Descabellados” me gustó pero nunca sé a qué hora la dan. Ah, y “Rock of Love” jajajajaja, es demasiado! Pero es mejor que “Falvor of Love”, donde las “señoritas participantes” están detrás de un tipo horrible con un reloj colgado en el cuello. Por cierto, Chirin, tampoco me difames, que sólo una vez llegué tarde por ver “Bailando por un sueño”.
Flavor of Love es demasiado, efectivamente. El tipo del reloj colgado del cuello es Flavor Flav, el cantante de un grupo de rap. Y Rock of Love no es mejor! Bret Michaels está tan operado y tan jalado que las orejas las tiene en la parte de atrás de la cabeza casi. Y anda buscando niñas de 18 pero todas parecen de 43 por todo el maquillaje y lo recorridas que son. VH1 apesta, debo decir.
Me gustan las de peluqueros, concuerdo con Morocha y con Dreampicker. Acá hay una que se llama Sheer Genius, que es pa peluqueros tipo Project Runway. Hay otra que es Tabatha Salon Makover, que es una que salio de Cheer Genius y que ahora tiene su programa tratando de arreglarle el negocio a otras peluquerias. y hay otro que ahora no recuerdo el nombre, pero que es de peluqueros que los cambian de salón a ver cómo se llevan con los del otro salón.
Como ven, yo no siento culpa al ver los realities. Es más! cuando me regrese a mi Lima, voy a extrañar la cantidad y varierdad que veo por acá!! BUAAA