
Morocha y la tortura del spinning
Algo que demuestra que estoy en otra etapa de mi vida es que he desarrollado una preocupación por mi físico que nunca tuve antes. Ojo, que estoy diciendo físico: no salud, no alma, no espíritu. Físico. Caderas, busto, abdominales. La superficialidad en todos sus colores y formas. ¿Por qué no ser flaca y regia? Por eso, este verano decidí hacer todo lo que me dijeron en el gimnasio para que mi objetivo se haga realidad: personal trainer, baile, pilates, spinning, ocho vasos de agua al día. Me sometí al maltrato y esta es la historia.
El primer daño fue psicológico. Apenas llegas al gimnasio, una señorita de blanca bata (y sonrisa) te lleva al cuartito donde te pesan. Te pide que te saques las zapatillas, que te relajes y que te subas a la balanza mientras ella saca, (¡¡horror!!) la cinta métrica para tomarte tus medidas.
Esta calaverita, despreocupada antes por estos detalles banales, ni siquiera sabe cuánto tiene de cadera. Así que una gota de sudor empieza a caer por mi rostro. Claro, una sabe que no es 90- 60- 90, pero tampoco quiere ser 82-80- 92 (ojo, están NO son mis medidas, repito NO son mis medidas). La señorita apunta tus números en un cartón blanco y listo. ¡Next!
Inmediatamente después, toca conocer al personal trainer. Este joven es un chico fortachón talla XL con polo amarillo M. Él posee mi hoja de vergüenzas métricas (talla, peso, medidas y grasa corporal). Mientras analiza mi situación física, prepara mi rutina: 15 minutos en caminadora, 10 minutos en la escaladora, 15 abdominales para un lado, 15 para el otro… ¡Basta! Con esta ´rutina´ recupero la figura para el verano 2010. Así que estoy lista para otros menesteres y como quien no quiere entro a la clase de spinning. “Eso sí se ve profesional”, me digo. Después de todo será como montar bicicleta en el parque, pero más rápido. Me equivoqué totalmente.
La sillita de las bicicletas es una forma de tortura inventada por algún pervertido. ¡Por Dios! Apenas te sientas, tu cuerpo está pidiendo chepa. Pedaleo, pedaleo y pedaleo durante 45 minutos al ritmo frenético de un chico que sólo grita: “¡Con fuerza, con fuerza!”. Me da ganas de reventarlo (con fuerza) a él. Nunca había sudado tanto en toda mi vida. Por primera vez una enorme mancha de sudor aparece en mi espalda. “Para los que hacen spinning por primera vez, tengan mucho cuidado con sus piernas”, agrega el instructor tras carcajearse de mi color morado en primera fila. Me hago la fresca y bajo de la bicicleta: ¡Error! Sólo la fuerza de voluntad me permitió sostenerme y no irme de cara. Mis temblecas piernas eran incapaces de tenerse en pie. Sonreí por dignidad y salí caminando como una anciana. Pero eso no fue lo peor.
Al salir del gimnasio, un señor de 70 años entraba. Qué cara de sufrimiento espantoso habré tenido que el abuelito se ofreció a abrirme la puerta. “No, gracias”, dije yo, joven aún. Al segundo, mi cuerpo me devolvió a la realidad: mis piernas se negaron a bajar el ridículo escalón de la entrada y me caí. El viejito se arrodilló a recogerme mientras me recomendaba ir ¡poco a poco con los ejercicios!
Pero ojo, ilusos deportistas, el dolor empieza al día siguiente. Mis piernas no reaccionaban y cada vez que subía a mi casa (el tercer piso de un departamento antiguo que no tiene ascensor) subía como abuelita con andador (ni qué decir de aquella parte que padeció a la desgraciada sillita del spinning).
Pero no me intimidé. Deje de ir al gimnasio por 3 semanas y luego volví. Quizás había exagerado con el spinning. Así que decidí entrar al mundo espiritual-filosófico-trans del pilates. Primera diferencia: la música. Nada de techno ochentero ni electrónico. Una música relajante. Comenzamos. Estirando la columna…., levantando la cabeza…, ahora los brazos…, después las piernas, los dedos, el abdomen, la cabeza, de nuevo las piernas ¡Dios!, después de 15 minutos, mi cuerpo era un nudo. Y lo peor era tratar de hacer los ejercicios respirando por la nariz y exhalando por la boca. Imposible. Tal grado de coordinación mi cuerpo lo desconoce. Me sentí como en mis peores años del colegio cuando todos hacían aspa de molino y yo miraba desde un rinconcito. Fatal. Y como siempre lo peor fue al día siguiente. Empezaron a dolerme músculos que ¡¡ni siquiera sabía que existían!!
Para hacer breve el relato, les diré que lo intenté todo: 50 minutos perdiendo el paso y haciendo el ridículo en una clase de steps para robots, traté de dar patadas voladoras en el tae-bo pero me reía pensando en Karate Kid y hasta evalué hacer pesas, pero todo quedó en un pensamiento bastante lejano.
¿Seré un fracaso para el deporte? ¿El mundo de la vida saludable, mente sana en cuerpo sano (y esbelto) es sólo una ilusión? No lo sé. Pero igual me divertí horrores en la clase de baile, aprendiendo los nuevos pasos de los “bailes de moda” y hasta intenté sacarle el pasito a Shakira en clases de danza árabe. Toda una experiencia. Como dice una emisora radial: ¡¿Para qué más?!
La historia de la mujer que te mide, me hace acordar a mi tia L. que decidida a saber la verdad, se subió en una balanza en una farmacia. Pobre mi tia, no podía imaginar que la balanza hablaba. No perdón, no hablaba, gritaba. Se sube entusiasta mi tia y la balanza grita: USTED PESA SETENTA Y DOS KILOS.
Coloradita y redonda como tomate se sintió.
oe, tu jugabas basquet en el cole, no? ya ves, algo de talento para el deporte debes tener. intenta de nuevo spinning. si te toca un instructor que pone musica chevere, es divertido. me voy a leer los posts de las otras m’s.
Llega un momento en la vida donde el pendiente “tener las carnes firmes” sube cada día más posiciones en el ranking de metas por cumplir.
Suerte.
M.
Jajajajaa, bueno Melena, si la balanza gritaba mi peso en el gimnasio, yo los demando.
Nadia, es verdad que jugaba Basquet en el cole, no? La pregunta es por qué? Alguien recuerda?
Miguel, me he reido con lo de las “carnes firmes”, pero es cierto. Gracias por comentar.
mi estimada Morocha! ya te he dicho que es mejor que el gimnasio : http://www.flexi-bar.es/, en fin, ojala lo pudieran conseguir por alla… otra cosa, si empiezas a hacer spinning, a quien se le ocurre hacer 45 minutos de una sola, cuando ni siquiera has andado en bicicleta por mas de 5 minutos? otra cosa, los personal trainings no tienen ni idea… a todos los tratan igual sin preocuparse que es mas importante para uno.
Recomiendo que hagas tus ejercicios (si es que los haces en maquina) 3 minutos seguidos cada uno, pausa de 3 minutos y el sgte ejercicio. No tienes que hacer mas de 20 o 25 minutos en el gym por dia.. en serio….
bueno, como siempre, me cague de risa y me encanta leerlas. las extranho chicas!!
besos
jajajaja me senti tan identificada con este relato jajajjaja igualito me paso a mi , he probado de todo maldita sea,igualitititito me paso con el spinning. estoy de acuerdo eso es una maldita tortura, yo no probe pilates pero si Yoga , tambien las patadas voladoras jaja pero con el kick boxing y a 4 meses de operada de la vesicula por dios jajaj me pusieron una putiza jajaja, pesas, atletismo , natacion ? sera que el deporte definitivamente no se hizo para mi?? saludos . me diverti mucho con tu relato
Hola Morocha, mmm no se si les lleguen mis mensajes o comentarios??? Yo leo su sitio soy de México. saludos.
Hola 30 años “bonita”,
Si hemos recibido todos tus mensajes. Disculpanos por no responder antes, pero es que hemos estado de mudanza. Ahora nos puedes leer en: amigasdem.blog.terra.com.pe
Orale! que padre tener lectores mexicanos!
esperamos que nos sigas leyendo y comentando.
Bueno amiga la primera vez es una tortura, pero el cuerpo se va acostumbrando, no le tengas miedo, es buenísimo, por lo menos uno baja de peso y es bueno para el corazón, así que ten paciencia., jajajajajajajaja., yo tengo 9 años montandome en ese sillín, jejejejejejeje.