
¿Mojar o no mojar? Ésa es la pregunta.
Provengo de un ancestral linaje carnavalístico. De una tradición en la que jugar carnavales es casi un deber, una tradición, una cuestión de regionalismo que no debe perderse. Mi papá proviene de las nobles campiñas cajamarquinas, así que para él jugar carnavales es un rito que lo acerca a su tierra, a sus paisanos, en fin. ¿Y yo? ¿Yo qué he hecho con ese pasado heredado? Pues nada. Soy una vergüenza. Si hay alguien que no sirve para jugar carnavales, ésa soy yo.
Los carnavales son una tradición en provincia. Son época de juegos, baile y diversión. Mi papá, por añadidura, viene de uno de los departamentos más carnavalísticos de nuestras tierras: de la orgullosisíma Cajamarca. Por supuesto, mi papá considera que sus carnavales son incomparables y que el rey Momo brasileño no tiene nada que envidiarle a su Ño Carnavalón y que las cientos de calatas que bailan en el sambodromo son un chancay de a cinco comparadas con los huaynos que se bailan en la plaza de Cajamarca. Yo le doy la razón desde mi corazoncito cien por ciento arriba-perú. Ahora, mi papá no es sólo cajamarquino. Él viene de la cuna del himno del carnaval: de Matara, ¿les suena el carnaval de Matarina?
Queda entonces comprobada y certificada la procedencia de mi linaje carnavalístico. Ahora, por qué digo que soy una vergüenza en esa tradición. Para eso, remontémonos a la filosofía del caranaval. Es cierto que los carnavales son juegos, baile y diversión. Pero hay también una dosis de joda, de joda divertida, por supuesto. Joda por mojar a la gente (ojo, que eso también es costumbre en Cajamarca, como acota mi papá desde que él era chiquito, claro que con agua de riachuelo y educación). Pero esa cuestión de joda divertida es algo que choca con una parte de mi personalidad.
¿No es dvertido esperar detrás de una esquina a que pase el vecino y mojarlo? ¡JUASHHHH! ¿No es divertido esperar a los primos con un cargamento de globos para luego acribillarlos sin piedad? ¿No es divertido -pregunto por tercera vez- resguardarse en el techo para mojar a los vecinos de la cuadra? Por supuesto que es divertido participar en esa guerra de mojaderas, talco, baile y diversión. Y sin embargo, no puedo. ¿Y si alguien se molesta? ¿Y si un globazo le duele demasiado a alguien, a pesar de que él quiera jugar? ¿Y si el talco le entra a los ojos? ¿Y si se mancha mi blusa? Ya, debo sonar super aburrida, pero hay una voz en mi conciencia que se hace todas esas preguntas.
Cuando vivíamos en Chorrillos, recuerdo que se armaba unos juegos de padre y señor mío. Por supuesto mi papá era el cabecilla. Lo recuerdo con el balde en mano, tratando de mojar a la vecina, mientras él mismo llenaba los globos para mí. El planeaba las mejores bromas, los mejores ataques mojísticos. Yo trataba de seguirlo en audacia, pero no había heredado sus artes de la diversión. Ahora, es cierto, que mi papi nunca jugó agresivamente ni nada de eso. De los globos que te tira un cobrador de combi a los juegos de carnaval en mi barrio o los festejos en Cajamarca hay un mundo. Es más, él odiaba a aquellos perversos que desvirtúan el verdadero placer del desenfreno.
Pero bueno, a veces uno no nace para eso. Creo que había también cierta herencia de mi madre, que arequipeñísima ella, no aprobaba los cajamarquinos modos de divertirse de mi papá. No lo sé. Mis primos por supuesto adoran jugar carnavales. Se preparan para la fecha, llegan a la casa en shorts y slaps para mojarse a gusto y no faltan los perversos que viene con algún tipo de tinta para dejarte marcada.
Con el tiempo, he perdido un poco el reparo al carnaval. De vez en cuando he ideado alguna bromita audaz y a veces se me sale un ánimo juerguístico que me acerca a mi papá. Poco a poco, quién sabe si de aquí a unos años, sea yo quien les llene con agua los globos a mis hijos. ¿Podría pasar, no?
Pero si en Arequipa se celebra a lo grande el carnaval!!!. Mis tios arequipenos siempre hacian una gran fiesta…
Posiblemente de acá a unos años llenes los globos de agua para tus hijos y les enseñes que solo se juega en la casa, que no se molesta al vecino y es verdad que la diversión pierde su encanto si no hay sorpresa. Pero tendremos que ser civilizados no?
jajajaja, yo no disfruto nadita los carnavales porque odio el estres de caminar mirando las ventanas (para detectar a algun ninho malvado con sus globos listo para ser lanzados contra mi). pero nunca imagine que alguien no pueda disfrutar febrero por andar con estos dilemas morales. jajajaja. besos, amigas, no te preocupes, llena tus globos y sal a tu ventana.
Es cierto Amazilia que en Arequipa se celebra el carnaval, pero por lo menos de donde viene mi mamá, que es más para el valle del Colca, en la sierra de Arequipa, el carnaval se celebra con bailes y talquito, a lo “seco” como diría Melena. Por eso mi mami no aprueba los juegos mojados de mi papá. Ellos tienen sus diferencias regionales,
Elvirilla, tienes razón, lo que yo pido es diversión civilizada, la pregunta es el justo medio en el que “lo civilizado” no quite la diversión.
Nadina, es cierto eso del estres de caminar en febrero. Es como cuando en el colegio se puso de modo perseguir a los “cumpleañeros” para reventarles un huevo en la cabeza. Asi era en otros sitios también o nosotros fuimos los únicos lornas?