Queremos agradecer a nuestros fieles lectores/comentadores y a todos los que nos han escrito reclamando nuevos posts. Primero, ¡mil disculpas! ¡NO, NO NOS BORREN DE SUS MARCADORES!
No hay excusas, pero aquí va la razón de nuestro distanciamento: Hemos estado de mudanza. Desde hace algunas semanas estamos publicando en Terra y tenemos una nueva dirección para este blog de M…
Hemos querido hacer el anuncio oficial desde que supimos del cambio, pero una cosa lleva a la otra y, como dirían en nuestra tierra “se nos complicó”. Hemos quedado pesimo, lo sabemos y LO SENTIMOS!!
Para compensar, hemos colgado muchos de nuestros posts antiguos en el nuevo blog pero mejor aún! Hemos escrito nuevos. Esperamos que les gusten y nos sigan como antes.
Esta semana, Melena cumplió años… Sí, 31, para qué vamos a estar dándole vueltas a la cifra si en este blog estamos contándolo todo. Pero como no podemos remontarnos demasiado para contarles la infancia de la pelucona en cuestión, solo haremos un breve REWIND al año 1999…
Tenía una lista enorme. Empecé escribiendo sobre el placer desmedido que siento por comer chocolate y la culpa enorme que siento cuando tres minutos después me sale un grano en medio de la frente. Descarté escribir sobre la satisfacción que me da cantar todo lo que escuche aunque termine convirtiendo las letras del “Break on through” de los Doors en “Welcome to, to the other side”. Decidí no reincidir en esa rubia debilidad ya antes descrita, ni en otras que me acercan al mundo farandulero limeño. Decidí contarles sobre uno de mis más recientes pasatiempos, culposísimo él, y que ahora confieso avergonzada. Soy fan de los “realities”.
Malita defiende cariños cursis y odios a blanco y negro
Placer y culpa. ¡Cuántas cosas he hecho en su nombre! Desde probar algún psicotrópico hasta confesar que la desgracia ajena me complacía. Sí, ambos son malsanos motores que me vinieron de regalo tras 11 años de educación católica, apostólica y romana. Felizmente, ambas sensaciones han dejado de ser tan sobrecogedoras y se han vuelto más humanas, más frecuentes y menos dolorosas en su tenebroso esplendor. ¿Qué me queda entonces por admitir? Que mis pocos placeres culposos, en el fondo, solo me originan vergüenza. Por eso, nunca los cambiaré.
Melena se debate entre la estética y sus principios
Quien no haya visto Historia Americana X, salga inmediatamente a alquilarla o buscarla en el cable. No sólo porque es una excelente película, sino porque a menos que estén familiarizados con el film, este post no va poder explicar a cabalidad lo terrible y vergonzoso de mi situación. Hay una escena que me hace sentir tan pero tan mala persona, tan poco congruente con mis principios, tan falta de todo, y sin embargo…la disfruto como chanchita en lodo cada vez que la veo. ¿No me da vergüenza? SI!!! Claro que si! La culpa me come y ese es precisamente el punto de este post.
Algo que demuestra que estoy en otra etapa de mi vida es que he desarrollado una preocupación por mi físico que nunca tuve antes. Ojo, que estoy diciendo físico: no salud, no alma, no espíritu. Físico. Caderas, busto, abdominales. La superficialidad en todos sus colores y formas. ¿Por qué no ser flaca y regia? Por eso, este verano decidí hacer todo lo que me dijeron en el gimnasio para que mi objetivo se haga realidad: personal trainer, baile, pilates, spinning, ocho vasos de agua al día. Me sometí al maltrato y esta es la historia.
Provengo de un ancestral linaje carnavalístico. De una tradición en la que jugar carnavales es casi un deber, una tradición, una cuestión de regionalismo que no debe perderse. Mi papá proviene de las nobles campiñas cajamarquinas, así que para él jugar carnavales es un rito que lo acerca a su tierra, a sus paisanos, en fin. ¿Y yo? ¿Yo qué he hecho con ese pasado heredado? Pues nada. Soy una vergüenza. Si hay alguien que no sirve para jugar carnavales, ésa soy yo.
A Malita ciertos recuerdos le duelen como globazo en la cara.
¿Sales? Ruda y directa era la palabrita con que nos saludábamos entre amigos cuando se abría la puerta para jugar. ¿Sales? Y claro, yo salía corriendo (y sonriendo) a rasparme las rodillas, a gritar y a estirar el tiempo hasta la hora de comer. ¿Sales? Llevar patines o bicicletas dependía del regalo recibido en Navidad. Muchas veces una pelota, una soga o chapitas gastadas eran suficientes. En febrero, los domingos sólo se diferenciaban del resto de días por el agua, por los combates organizados entre hombres y mujeres, por la feliz violencia con que nos correteábamos por pasajes sin pistas y llenas de gradas, de arriba hacia abajo y viceversa. ¿Sales? Sí claro, salí del barrio hace 5 años y en el edificio donde vivo ahora casi no hay niños, no hay patios, ni risas ni gritos… menos aún carnavales. Así que este domingo a las 12 se presta para el deja vu: hace mucho calor, dan ganas de mojarse y yo le echo agua a mis recuerdos, que andan muy polvorientos…
Nunca he sido fan de los carnavales y por añadidura odio al pobre mes de febrero, que tuvo la mala pata de ser escogido para celebrar una cosa tan tonta como la mojadera indiscriminada de quién se te ponga en frente. Así, pura y simple como suele ser mi ignorancia, era mi desconocimiento en temas carnavalísticos. Hasta que un buen día, “descubrí” que los carnavales nada tienen que ver con empapar a quien se te ponga enfrente y que lo que he vivido en nuestra Lima, aterrada cada febrero de recibir un baldazo con sabe Dios qué liquido desde una combi, es solo un travestismo de lo que se supone son estas fiestas. Pasemos a detallar.
He aquí un Bonus Track para el fin de semana. Esta vez en lugar de contarles lo que pienso sobre el Dia de San Valentín, me enrumbé a hacer una investigación de campo que mostrase por qué a las Amigas de M nos desespera ese día.
¡Ah! me olvidaba. Malita me hizo prometer que haría clara nuestra falta total de apoyo hacia la sobreexposición de rojo y rosado que en unos segundos inundará sus retinas. Con ustedes, nuestro primer video post.
FAMILIAAAAA
Esta semana las Amigas de M escriben acerca de los "personajes" de su familia. Melena pone la nota tierna con su mamama, Malita agradece a su hermana haberle quitado el titulo de rebelde sin causa y Morocha se guarda la sorpresa para el final.
Eme de mamá, pero también de mamacita, de mujer, eme de mierda. Eme de más y eme de mentira. Somos tres emes, tres amigas, tres divas de hueso para armar y desarmar, pero sólo con palabras. Tres miradas distintas.